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Español
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Al llegar a Maceió, esta región es una buena opción para hospedaje, disfrutar lo que se tiene para ofrecer a sus visitantes.
La naturaleza no economizó esfuerzos cuando privilegió este litoral. Lagunas y ríos se encuentran con el mar y ofrecen un escenario paradisíaco.
La playa encanta con sus extensos palmerales. Los paseos en barco proporcionan una idea de la grandiosidad del ecosistema formado alrededor de la laguna.
1º día
La Barra de San Miguel posee excelente infraestructura para descansar. Su mayor atractivo es el mar tranquilo, de un azul intenso, ideal para bucear y la practica de deportes náuticos.
La riqueza de los manglares, ríos y lagunas muestran la exuberancia y diversidad del ecosistema.
En el muelle, los barcos esperan a los visitantes para paseos por caminos bellísimos, hasta alcanzar la famosa playa de Gunga, que se muestra como una punta de arena blanca avanzando mar adentro. Esta fascinante playa, adornada por palmerales, es testigo de la unión del río y la laguna, con el océano Atlántico – un verdadero encuentro armónico.
Por la noche, envuelto por la paz del lugar, nada mejor que aprovechar la tranquilidad de éste momento.
2º día
Al llegar a Piaçabuçu, tomar un barco rumbo a la desembocadura del Río San Francisco. Bañarse en sus secretos, es enamorarse por este capricho de la naturaleza. Un paraíso que, sumado a tanta belleza, se vuelve inimaginable.
Al volver, Feliz Deserto ofrece variadas artesanías hechas a base de paja de “taboa” y más adelante, en Pontal do Coruripe, pueblito de playas exuberantes, infraestructura y una comunidad que transforma la paja de
“ ouricuri” en bellísimos trabajos.
3º día
En Jequiá da Praia, el paisaje es deslumbrante. Existen, todavía, playas salvajes y autóctonas, con formaciones rocosas (acantilados), que reflejan un color rojo en el agua cristalina del mar.
Los paseos ecológicos hechos sobre el complejo de las lagunas, formado por siete lagos y tres ríos, la flora y fauna conservadas se vuelven altamente relajante.
La playa de Jequiá – conocida como Duas Barras- posee estructura de recreación, con excelente soporte turístico.
4º día
Conocer Marechal Deodoro es convivir con el pasado e impresionarse con las bellezas naturales, históricas y culturales.
A márgenes de la laguna Manguaba, se encuentra la primer capital de Alagoas y local donde nació el que proclamó la República. La ciudad posee un rico conjunto arquitectónico del siglo XVII. La naturaleza contempló la municipalidad con un envidiable complejo de lagunas – con islas y manglares- y también una de las playas más bellas del Brasil – la Playa del Francés – protegida por una pared de arrecifes, ideal para bucear. Posee una extensa faja de mar abierto, que es el paraíso de los surfistas.
Uno de los más grandes polos gastronómicos está en la villa de Massagueira: los restoranes ofrecen cartas variadas con todos los sabores que hay en Alagoas.
Barra Nova, villa con estructura para disfrutar todo el día, tiene como playa la “Prainha”, donde se encuentra la laguna con el mar.
5º día
Maceió
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